
“Una tarde decidí no seguir adelante, sentía que la lucha en este mundo era infructuosa y desgraciada. Sin embargo me di cuenta en ese instante de un perro callejero que pasaba por la calle, algo sarnoso y hambriento, tiritando de frío e inmutable mientras era maldecido por los transeúntes del lugar. Aún así, el perro movió su cola y corrió con gran emoción al percibir una niña que deseaba acariciarlo
No hay comentarios:
Publicar un comentario